martes, 22 de abril de 2008

martes, 15 de abril de 2008

Apocalipsis now


Que yo recuerde, la infancia es literatura. El inicio del gran relato que todos protagonizamos.
La mente infantil es una especie de mundo paralelo en el que se gestan grandes episodios, mágicos, coloridos, que imitan y retuercen la realidad inmediata, y la que regala el televisor. Todo es un juego: la vida en sí misma, el trabajo, el peligro.
A medida que vamos creciendo, nos obligan a tomar las cosas en serio, incluida la imitación de un papel social hereditario. Sin embargo, salimos a la vida solos, y la realidad, muchas veces, se convierte en un espejo que refleja al revés el mundo que nos construyeron en la cabeza.
Conforme pasa el tiempo nos damos cuenta de que sólo un mínimo porcentaje de todo lo que nos introyectaron resulta ser tal y como nos dijeron. Paradójicamente, lo más inverosímil, lo más apocalíptico.
Hoy, una de cada cinco personas en el mundo ya no tiene acceso al agua potable; y otro día cualquiera, una ciudad amanece hundida en basura, mal olor, y explosiones de violencia ante la desesperación.
Ahora, por causa del cambio climático, hay que salir con suéter en pleno verano, pedir que llueva pronto, luego pedir que deje de llover, mientras en un lugar no muy lejano la gente se muere del calor.
Por otro lado, el petróleo va rumbo a ser parte de la historia, en tanto se experimenta con otros tipos de energía. Y en ese camino, el uso del maíz para crear bio-combustibles amenaza con rivalizar con la producción de alimentos: resultado: el hambre.
Y a un paso de la crisis económica, Estados Unidos invierte 60 millones de dólares para enviar un misil al espacio con el fin de salvar a la humanidad; mientras que, aquí en la Tierra, empieza el desprendimiento de los glaciares, y la amenaza de la contaminación se extiende sobre el océano Pacífico, en forma de una mancha flotante de basura plástica que duplica en tamaño al territorio gringo.
Es así como llega temprano el cumplimiento de las profecías de la Ciencia Ficción. Hoy, Philiph Dick es rey, y Hollywood está en vigencia. Basta con ver los noticieros para ser testigos de cómo se difuminan los límites entre la realidad y lo que una vez imaginamos.
En otros aspectos las piezas siguen sin encajar. Sólo por mencionar los más generales, un día nos dijeron que éramos el futuro, pero también aprendimos a relegar esa responsabilidad, y aseguraron que con el paso de los años las cosas iban a mejorar. Hasta hoy, la espera se alarga. Quién sabe cuánto tiempo más durará.

miércoles, 9 de abril de 2008

Ellas


Caen como gotas sobre el papel, previo a ello dan vuelta, se retuercen, se enredan, se asoman, huyen, se esconden.
Hay de todo tipo: divinas, de honor, de rey, mágicas, ociosas, mayores, malsonantes, medias y últimas.
Se pueden tomar, escapar, gastar, quitar, torcer; se puede hacer que el prójimo se las trague, hacer que corran, cruzarlas, dejarlas en la boca, tenerlas en la punta de la lengua y mantenerlas firmes, eso sí, con mucha dificultad.
Pueden mudar, se pueden perder, usar en contra, se las puede llevar el viento.
Sirven para crear y destruir: el escritor argentino Jorge Luis Borges alude a la figura del Golem judío, un hombre creado por una combinación de letras tatuadas en su cuerpo. La primera, EMET, que significa Verdad, le daba vida; y bastaba con borrar la primera letra para que la palabra se convirtiera en MET, muerte, y la criatura derivara en ella.
Sirven para comunicar, para no decir, para protestar, para llenar el silencio, para crear el caos, para convencer y engañar.
Para José Saramago son las máscaras del pensamiento; para Cortázar, las perras negras, “ese río de hormigas feroces que se comerá el mundo”; para Pessoa, la posibilidad de expulsar todas sus voces internas y para Octavio Paz: usted y yo, escrituras que intentamos ser deletreadas.
Quizá de todo esto derive mi apego a las palabras, no tanto a su sonoridad sino a su forma. Quizá por eso, han sido el medio perfecto para llegar al vos, sin otro afán que el de llenar este espacio, sacudir conciencias, compartir, reflexionar y dejar escapar el grito que habita adentro, en fin, para que las piedras no hablen, contribuir con el caos o simplemente para confirmar, a través de ellas, mi paso distraído por el capítulo de esta historia. Por aquí nos vemos.

miércoles, 2 de abril de 2008