martes, 19 de enero de 2010

Once upon a morning dreary




El día que Poe cumplió 200 años lo vi de frente
en medio de la plaza central 
inmóvil/de pie
sus ojos vidriosos parecían mirar a través de mí 
hacia un punto fijo que quedaba a mi espalda

El reloj de la catedral anunció las nueve
las palomas rodearon la plaza 
dibujaron en el aire los primeros espirales 
de un remolino
excepto una
a la que el aire apenas alcanzó a levantar 
tres plumas grises
del ala muerta

No me detuve
La escena quedó atrás y en mi cabeza

Regresé durante varios días 
a la misma hora 
escruté las orillas de la plaza 
el rostro de sus habitantes
no volví a encontrarlo 

Sin embargo desde hace varios meses
hay un indigente que parece reconocerme
cada vez que paso por el lugar
y cuando estoy suficientemente cerca
levanta su mano/la sacude con fuerza
y me grita adiós desde su acera

Yo levanto mi mano para devolver el saludo
y desde entonces
jugamos a que él es un escritor muerto
y yo una antigua conocida