La mujer lo observó dormir un momento. Luego se levantó despacio para abrir los regalos que él le había entregado la noche anterior: un suéter (vendrán días fríos repitió una voz en su cabeza) varios libros (vendrá soledad volvió a decirle la voz).
Entonces regresó a la tibieza de la cama y de su espalda, y lo abrazó como abrazan los que tienen la certeza de las despedidas. Cerró los ojos y, mientras lo escuchaba respirar, soñó con el mar.
jueves, 16 de diciembre de 2010
miércoles, 1 de diciembre de 2010
El sueño de despertar
La mujer descendió con lentitud de la cama, como lo hacía todos los días cuando sonaba el despertador. El sol no había salido. El cuarto estaba hecho de sombras.
Caminó con vacilación hacia el baño, esquivó la ropa tirada, el desorden que se permitía al vivir sola, al no esperar a nadie.
Con el pie apartó lo último que encontró en el camino, un objeto mediano que cuando topó contra la pared emitió un sonido seco. Se detuvo, se agachó para revisarlo. Era el zapato derecho de un niño.
Volteó hacia el cuarto y reparó en que no era el mismo que le dictaba la costumbre. Sobre la cama que acababa de abandonar, una cama más grande de la que conocía, dormía el pequeño.
Miró a su alrededor, no reconoció el espacio. La mesa de noche estaba llena de fotografías de risas extrañas, y en medio de todas, ella misma. Se acercó más y se dio cuenta de que la imagen no tenía cara. La dejó en su lugar. Vio el reloj, eran las cinco y media de la mañana. Se metió de nuevo a la cama, abrazó al niño, y se dio otros minutos para intentar volver a despertar.
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