miércoles, 5 de marzo de 2008

Del zoológico y otras bestias


El zoológico Minerva es uno de esos lugares que se han quedado paralizados en el tiempo, como muchas otras cosas en Xela: una ciudad que, hoy, está muy lejos de ser lo que fue.
Intentar llegar es una odisea. Hay que navegar con la lentitud del tráfico a lo largo de una de las rutas más transitadas de la ciudad. Esquivar decenas de transeúntes en el mercado de la Terminal, y estudiantes en el Cunoc, hasta acercarse al punto central de la actividad comercial del Suroccidente, al ombligo del caos, y aparcar.
Un policía municipal nos detiene. Hay que pagar Q5 por parqueo. Se mete el billete a la bolsa: ni una constancia, ni un recibo.
Entro y regreso varios años. El lugar no ha cambiado. La misma entrada, las mismas instalaciones - con excepción de la casita en medio de la jaula de los monos a donde se entraba para verlos de cerca, esquivar cagadas y aguantar olores-, el mismo descuido, el mismo panorama desolador. Para un ciudadano sensible la visita es un medidor de humanidad, de compasión.
Allí sigue la poza verde en donde se reproducen, entre peces muertos, otros peces y zancudos; la jaula donde toman el sol unos micos flacos y roñosos; así como las jaulas húmedas y estrechas en donde sobreviven otros animales y pájaros en exhibición. Curiosamente, a este lugar llegan, diariamente, niños y grandes para divertirse. Correr por las áreas verdes, respirar ingenuamente el aire de esa “burbujita libre de contaminación”, observar otra miseria, escaparse de las clases, jugar pelota, entregarse a instintos animales, sobre la hierba, en un ambiente natural o llamar la atención de los animales con piedras, ramas y ruidos.
Hoy el zoológico de Xela es protagonista de primeras planas. Y no precisamente por la decadencia y el descuido - eso no toca intereses personales ni políticos - sino por la polémica construcción de locales comerciales en el área verde que da hacia el mercado La Terminal.
Surgen protestas, revive la conciencia ecologista que se creía podrida y enterrada, y aparecen las propuestas y los desvaríos.
Conap advirtió recientemente acerca del daño que están sufriendo los animales en las instalaciones y propuso el traslado. Ante esto, el argumento de una representante del patronato del zoológico fue que “sería injusto deshacer lo que construyeron los abuelos”. ¡Cuándo no la tradición entorpeciendo las cosas en Xela!
Increíble la ceguera ante el hecho de que el tiempo, las circunstancias comerciales, y la manera de entretenerse cambian; y de que hay grandes ideas que caducan con los años.
Proponer que cierren el parque en una sociedad que se alimenta con el morbo y la desgracia ajena es inconcebible; proponer que lo trasladen –al cerro del Baúl, según dicen- es mandar el problema más lejos para que nos afecte menos y para que lo olvidemos con más facilidad. Hay que reformar.
Que envíen a los animales que no pertenecen a nuestro hábitat hacia Xetulul, al Auto Safari o a la Aurora, donde quizá estén mejor. Y que se queden únicamente los animales domésticos, de granja, de la región. Esto permitirá darles más espacio, mejor alimentación y cuidado; y hará que el zoológico se convierta en un espacio educativo más humano.

1 comentario:

La Filistea dijo...

Ushh un mono!, me veré caquera lo sé, pero los recuerdos que yo tengo de La Aurora (por ejemplo) eran desagradables, principalmente los monos, por eso mismo porque creo que jamás los cuidan como debe de ser, no es que uno quiera que huela a gardenias pero pues hay que tener cierta responsabilidad cuando se trata de un 'parque zoológico' .

En fin.. En Guatemala de todo pasa.

SAludos.