
La revolución todavía tiene sentido cuando no se han cumplido 20 años y se puede escuchar hablar de ella hasta la madrugada, mientras se cierra la edición del único periódico de una ciudad pequeña y se cree que al otro día eso habrá significado algún cambio.
A esa edad, Árbenz es un descubrimiento; Cuba, un destino obligado; y la poesía: Castillo y Obregón.
Aún no se sabe que tener un hijo puede ser una mala noticia que nada tiene que ver con la consciencia social ni se conocen las otras connotaciones de traición, búsqueda del bien individual y deserción.
A los 20 años aún se puede creer que el fracaso de la Revolución es el culpable de que este sea un mal país, y se está a un paso de descubrir al prójimo, descubrirse a sí mismo, y darse cuenta de que se puede estar totalmente equivocado.





