lunes, 14 de febrero de 2011

Yo es otro: Quizá ese día tampoco sea hoy






En Pervert´s guide to cinema el filósofo Slavoj Zizek refiriéndose a Solaris, la película de Tarkovski, dice algo como Es relativamente sencillo deshacerse de una persona real. Puedes dejarlo o dejarla, matarlo o matarla, lo que sea... Es mucho más difícil deshacerse de un fantasma, de una presencia espectral, que te persigue como la misma sombra. Efectivamente en esta película el protagonista libra una batalla interna con el fantasma de su esposa muerta que aparece y desaparece en distintas manifestaciones, ya que Solaris es un planeta que, como una especie de máquina deseante, materializa los traumas, miedos y deseos más profundos. Es posible leer entonces Quizá ese día tampoco sea hoy desde esta propiedad solariana, diálogo e interacción con nuestros fantasmas.
Efectivamente, Vargas inicia el libro haciendo referencia a uno de los grandes motivos de la literatura, el doppelganger, “mito germano que se basa en la idea de la existencia de un doble. Encontrarse con él es presagio de muerte”, se lee en la primera página del libro. En el resto de páginas encontramos no uno sino varios dobles, hay una protagonista que nos habla de su mundo y sus relaciones, y empiezan a aparecer en la página, como una especie de espejo, su fantasmas y sus muertos.
Claro está, no estamos recorriendo acá una casa de espantos, tenebrosa y maligna, todo lo contrario, recorremos la cotidianidad y sus giros, bajo la idea de doble, de gemelo, entramos de lleno al útero de los fantasmas: la familia. Vargas desarrolla en este libro una intensa red simbólica desde una voz femenina (la gemela, la hermana, la hija, la madre, la abuela) y que para generar profundidad (entre las figuras borrosas de los espectros) contrasta con la imagen del padre, el gran ausente, el indiferente que se anula a sí mismo de tan fantasmal, me atrevo a decir pues que es un valioso recorrido desde un universo femenino, y no precisamente en su interacción corpórea, afectiva o social, sino desde el subconsciente en el ser mujer  de la protagonista, de sus desplazamientos espirituales, si es que podemos llamarles así, a sus dobles, espejos sin espejo.
Sin embargo al círculo de fantasmas personificados en la familia (que en realidad no son sino representaciones de la protagonista, proyecciones, fragmentos de sí –acaso estamos hablando de un espejo roto-) hay que añadirle los fantasmas de personajes de la cultura que merodean el libro, escritores que, aunque muertos hace varios años, representan posibles encarnaciones, posibles curvas de los espejos que, como en disneylandia, nos devuelven una figura fiel a los fantasmas y transgresora de la realidad. 
Libro sensible e íntimo, nos pone en el borde de nosotros mismos con el vértigo del tiempo en las narices, caemos, caeremos irremediablemente hacia nuevos cuerpos, hacia nuevas consciencias.
El título Quizá ese día tampoco sea hoy podría leerse no desde la imposibilidad que podría estar planteando, sino al contrario, dejar para otro día la resolución de los fantasmas (en el supuesto que esto sea posible), pasar de la toma de distancia de ellos, a la convivencia, a la comunión con nuestros dobles, en el texto encontramos entonces estos versos que nos permitirían entender así el sentido del libro “Nunca he podido explicarle/ cómo puede tener tantos rostros el amor/ y cómo repetimos las mismas palabras/ los lugares/ las caricias/ y la felicidad llega a convertirse/ en eso que intuíamos otra cosa/ cuando éramos felices”. 
Porque al final,  puede que la poesía sea el planeta de la película, la máquina que hace realidad nuestros deseos, nuestros miedos, nuestros traumas,  esa personalísima geografía de nuestros fantasmas y donde habitamos, plácidamente sin que nos jalen los pies.

Reseña publicada en Magacín del diario Siglo XXI, el domingo 30 de enero de 2011.

Ilustración:
Alejandro Azurdia