martes, 18 de noviembre de 2008

Espuma


Ella salta de libro en libro. Se encierra. Retrasa el momento de sentarse frente a la hoja limpia. Enciende la máquina, la apaga. Respira profundo. Anota. Suprime con violencia. Cambia de página. Avanza despacio –tartamuda-. Reparte las ideas como una partida de solitario que se alarga, que no deja más salida que recoger las cartas y volver a tirar.
Lejos de la nada fértil de todos los principios, perdida la inocencia, corroída por el miedo. Va del caos al abismo sin detenerse en la redención que ofrecen las reglas. Desciende, dentro de sí. Toca fondo.
Para salvarse solo necesita una ranura mental, un punto de escape que impida la explosión de ese horno interno alimentado por la cotidianidad y el sinsentido, por los fantasmas que de vez en cuando le tocan el hombro, por el acecho del dolor cuando cierra los ojos, por el mandato de eternidad que se traga la nada.
Sobre el papel queda el grito, el golpe, el deletreo de sí misma, los restos de una realidad digerida y escupida, el texto: retrato impresionista de la supervivencia.
Ella quiere escribir pero le sale espuma. Busca a ciegas un interruptor inexistente. Fuerza las paredes en donde rebota la última frase, la última idea –pájaro que no encuentra la salida-.
Ella siente que se ahoga, que la línea es un camino cuesta arriba desde donde se despeña el tiempo. Y sin embargo insiste, se multiplica, se desdobla, se regala todas las posibilidades: la redención, la renuncia, el salto en el paracaídas que la ahorcará o alivianará el golpe, la resurrección, el dominio –Proserpina- de su infierno personal.
Hambrienta de mundo, voyeur cotidiano, crea y se transmuta; es creatura y se rebela. Pone el punto final. Silencio. Y todo vuelve a empezar.

12 comentarios:

Paola Vega dijo...

Ese eterno vaivén -inagotable- que se resbala entre los maravillosos tonos sepia del otoño y la solemne totalidad gris del invierno...
Siempre imaginé que Proserpina debía concocer el invierno (el tedio, la rutina, la asfixia, los fantasmas...) para vivir realmente los tonos naranjas (y hacerle el amor al mundo...no basta con ser voyeurista...)

PD: Me encantó!!!!

Alma Karla dijo...

Qué bueno leerla, con o sin espuma.

drocera_inplacebo dijo...

Como es que cuando algo esta en blanco, tenemos el poder de ser muchas cosas... Que bueno esta esto que escribiste.

diego dijo...

Cada línea es precisa, Vania. Abrazo.

la-filistea dijo...

Qué hermoso Vania!

Prado dijo...

Entiendo lo de la espuma. A veces me brota, como signo inequívoco de la rabia. La rabia que me nace contra mi, por el tedio. Las ranuras que no aparecen para salvar a este horno. Entiendo.

Escribir es buscar lugares comunes donde nade más ha estado. Es predecir. Predijo usted bien, en mi caso. Saludos.

Gerardo José Sandoval dijo...

Me ha gustado.

PROSÓDICA dijo...

Pues yo quisera no poder escribir de la forma que no podes escribir vos jjajaa, pero escribiendo sin escribir así diariamente... la cosa es que me entendes jajaj.

Coincido con la Filis.
Abrazotes Vania.

la-filistea dijo...

Vania si le entendes a la Prosodica te encargo me mandes la traducción?.

Proso:
Manzanitas pod favod?

Vania Vargas dijo...

Saludos a todos, gracias por la visita y los comentarios, siempre es un gusto ver que se detienen por aquí.
Un abrazo!!

Eduardo dijo...

Hola Vania, he leído varios de sus temas y me gustan bastante, de seguro que ese paracaidas va a llevarla a una buena tierra.

Hasta pronto...

Vania Vargas dijo...

Gracias por la visita y el comentario, Eduardo. Buena suerte.