domingo, 25 de mayo de 2014

Frank, una poética



Hay una señal de advertencia en la puerta de todos los infiernos que están a punto de ser recorridos. La que nos corresponde es clara: “Bienvenido a la ciudad de los desamparados”.
Allí la noche es un estado natural, permanente. Anega las calles, los bares, las habitaciones cerradas. Es guarida del deseo, el horror y el frío. A penas el preámbulo del descenso a otra noche, la noche interna de un hombre que camina en el filo del sueño y la vigilia, donde se da el enfrentamiento violento y constante entre la intuición y la razón: Frank y Carl: dos personajes que recorren los mismos lugares, que se encuentran, se cuestionan, se disuaden, se juegan la vuelta tras el mismo objetivo impalpable, ideal, perfecto: deseable para uno, imposible para el otro: la poesía.
Un trabajo inútil, llevado a cabo por seres que aspiran a todo y no tienen nada, ni siquiera futuro, y aún así le apuestan a la palabra: aunque saben que no sobrevivirá entre el barullo del mundo, que no es capaz de sostenerse por sí misma, que ya ha sido mil veces dicha por grandes voces, libros imprescindibles y mejores intenciones: el Lázaro de Luis Cardoza y Aragón, la precocidad genial de Rimbaud, la intensidad de Verlaine, la locura de Panero, la conciencia del oficio de Hemingway, la persistencia de Carver, que parecieran haberle puesto los puntos finales a las posibilidades de creación.
Pero ni la razón puede contra quien está convencido de que su camino es la palabra: esa cuerda floja: y escribirá renegando de las etiquetas, con la conciencia de que los poetas no existen, solo los hombres alados que les chupan la sangre para escribir, hombres a los que se les escapa el alma y viven en el borde de la muerte, escriben como si fuera su último día, y por eso se convierten en videntes, por eso se convierten en profetas.
Frank, el primer poemario de Carlos Meza, que apareció con el sello de Catafixia editorial, es tan solo el inicio de una saga literaria que en estos textos se desarrolla a lo largo de escenas breves, redondas. Imágenes hiladas por ideas y acciones que nos remiten al comic policíaco, a los filmes franceses de los que se alimentó el cine negro, que llenó una época de espacios urbanos, oscuros, violentos, por los que se movían personajes que eran presa fácil del peligro, el fracaso y las mujeres fatales: un papel que en este libro le corresponde al tercer personaje: Lucía: y quizá también a la belleza, a la poesía: entes amados y odiados por oscuros y peligrosos, porque evocan la muerte, la incertidumbre y el deseo, que es de lo que está hecho el ser humano.
En este libro, Carlos Meza hace poesía como quien cuenta, teoriza como quien vive, escribe como quien cree, y como si todo fuera remediable nos regala la visión de la escritura, la búsqueda de la belleza, como el rastro brillante de un astro perdido en la nada, atravesando el vacío con rumbo a desaparecer.


Carlos Meza. Frank (poemas). Catafixia Editorial / Toma 8. Guatemala, 2011